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Posts Tagged ‘eavesdropping’

Ok, so we all agree that it is ok to overhear other people’s conversations.

As I was preparing my tea in the Maths Common room, here at my beloved University, I overheard some of the new postgrads talking…maths, (kindof).

Boy1: -Strange attractors

Boy2: -What’s a strange attractor?

…silence…silence…

Boy 1: -Hmm, you know, chaos theory. (trying to sound knowledgable).

girl: -It;s the butterfly effect!

Argh…

I almost felt like interrumpting. No. It’s not the butterfly effect. No, it’s not chaos theory. No, it’s not ok to only drop a few buzzwords that they have absorbed from here and there…and try to sound intelligent.

But although we all decided that I am entitled to eavesdrop, I think it’s not on to interrumpt and correct, or try to sound smart and give them a mini-lecture on dynamical systems.

You see, dear readers, the subject they were discussing (or rather, not discussing) it’s close to my heart.

But I had to take a big tea sip and start ranting here instead.

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Ya sé que no debería. Pero no lo puedo evitar. La vida de los demás me interesa. Es más, me interesa aun más cuando ellos ni siquiera se imaginan que me interese.

Es por eso que me encanta escuchar las conversaciones ajenas. Es un método de comunicación tan sincero. ¿Cómo mentirme, si ni siquiera sabes que te escucho?

Claro que hay métodos, el método que requiere concentración y esfuerzo, ya sea porque el lugar es ruidoso, o porque tienes que caminar al paso de los que vienen caminando atrás de ti, con semejante charla. Mi “chismosidad” es tanta, que a veces no le pongo atención a la conversación que se supone debería estar teniendo con mi interlocutor, justo enfrente de mí, y no atrás o al lado.

Por eso me gusta ir sola a los cafés.

Pero no nos desviemos.

La conversación ajena del día de hoy me fue imposible evitarla.

Fui al sauna otra vez, ese que está en pleno Banglatown.

Estaba bastante lleno. Había dos chicas, de no más de 25 años platicando en una mezcla de ingles con hindi o algo. (No es muy fácil seguir así las conversaciones, no hay que ser desconsiderado, hablen un solo idioma).

Estaban platicando de la boda de una amiga en común. La chica se había casado aquí en Inglaterra y luego se tuvo que ir “allá” (en algún lugar del Subcontinente Asiático, ya sea India/Pakistán/Bangladesh) a casarse otra vez, claro con el mismo marido. El marido todavía esta “allá”. Y ella está arreglando las cosas para irse para “allá”. La pregunta era: ¿Qué tal le gusto el marido?

Parece que si lo encontró más o menos agradable, y se cayeron “bien” (me imagino que bien a secas, porque no escuche ninguna expresión que me llevara a concluir que fue el gran flechazo).

De pronto me imagine a mí en un matrimonio arreglado.

Mis padres se ponen de acuerdo con los padres de tal muchachito, claro, de nuestra misma clase socio-económica cultural…para hacerlo más interesante, la familia digamos tiene ranchos en el Norte de México, o mejor aún, son ganaderos en Valencia. Después del matrimonio, deberé dejar la Ciudad de México e irme a vivir al rancho en el medio de la nada.

Sin conocer al fulanito…bueno tal vez si nos presenten antes, solo para asegurarse que no nos repateamos el hígado mutuamente.

Dejar tu casa, tu ciudad, tu país es siempre difícil. Estar rodeada de nuevas situaciones cada día, no conocer a nadie…son experiencias que aunque duras pueden llegar a ser divertidas, y a la larga uno madura y aprende de todas ellas. Ahora vivir con un desconocido, ser la nueva esposa de un desconocido, eso ya es otra cosa. Esa complicidad, esa intimidad no existe. Capaz que no te da ni confianza dormir junto a él. (Y esa confianza no es cuestión de conocerse de tiempo, sino de química!)

Aun con tales premisas, los matrimonios arreglados todavía funcionan. Y porque funcionan es que sigue viva la tradición. A estas chicas se les ha inculcado que el matrimonio es un contrato de conveniencia. No el amor es grato, si acontece, pero no es un requisito. El amor llegara, las oí decir.

La sabiduría popular india dice que si, al cabo de los años el amor llega…Yo tengo mis dudas. Sera el compañerismo, la solidaridad, tantas cosas que se han ya compartido, el ser padres de las mismas criaturitas. Pero aquel amor que te consume y te paraliza, aquel amor que no te deja pensar en nadie más ni en otra cosa. Que no te deja dormir, ni comer, ni pensar.

Ese amor no nace después de años. Ese es fulminante, avasallador.

Y es hermoso cuando se encuentra uno a la persona capaz de despertar esos sentimientos.

Si terminas casándote o no con ella, ya es otra cosa. Si funciona como relación de larga duración, también es diferente.

Pero el haberla encontrado siempre valdrá la pena.

No me imagino un matrimonio arreglado. Pero ya estoy “curada” de juicios de costumbres.

Muchos no se imaginan poniéndole “chile” a toda la comida –cosa que me toco desmentir y defender al mismo tiempo esta semana, pero eso es otro post.

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